María Angélica
FundadoraCreció entre personas mayores y nunca se fue de ahí. Nuestras Raíces es su forma de devolverles lo aprendido.
Cuidamos personas, acompañamos familias y trabajamos para que vuelvan a casa cansadas de reír.
Primero fueron Eduvina, Juanita y Ángela. Hoy son Juanita y Eloísa.
Cuando era niña, mi hermano y yo crecimos en la casa de tres tías abuelas: Eduvina, Juanita y Ángela. Ellas nos entregaron su vida — la conversación, la alegría, los rezos, la sabiduría. Cuando partieron, quedó en mí un deseo que nunca desapareció: devolverles algún día todo lo que hicieron por nosotros. No alcancé. La vida estaba guardando ese sentimiento para algo más grande.
Años después, junto a mi esposo Claudio construimos nuestra casa en Maipú pensada para las etapas de la vida: un primer piso preparado por si nuestros padres algún día necesitaban vivir con nosotros. No sabíamos que estábamos construyendo el lugar donde nacería Nuestras Raíces.
Entonces llegó Juanita, mi suegra, con más de doce años de Alzheimer y saliendo de una hospitalización crítica. La cuidamos en familia, día y noche, junto a mi hija enfermera. Y pasó algo que no olvidaremos: Juanita se recuperó. Volvió a levantarse, a comer, a conectar con nosotros. Volvió a reír.
Seis meses después llegó Eloísa, también con Alzheimer y con demasiada soledad encima. Hoy participa en la casa, comparte, disfruta su música ranchera y se siente parte de una familia. Ellas nos enseñaron que cuidar a una persona mayor no es solo atender su salud: es conocer su historia, respetarla y permitirle seguir siendo parte de la vida. Así nació Nuestras Raíces: la casa que preparamos para nuestra familia, transformada por toda la familia para cuidar a otras personas mayores como se cuida en casa.
— María Angélica, fundadora
Ninguna familia llega igual a otra. Por eso partimos escuchando: cómo se llama, qué le gusta, a qué hora despierta, qué le da miedo, de qué se ríe, qué necesitan ustedes para trabajar tranquilos.
Con eso armamos un plan a la medida y lo vamos ajustando: más días, menos días, unas horas en la casa, acompañamiento a un examen. Nada queda fijo si la vida cambia.
Cuéntanos tu casoMuchas familias empiezan con una sola cosa —unas horas de compañía, un traslado al médico— y con el tiempo suman otras. No hay que decidirlo todo de una vez.
Un lugar cálido donde se conversa, se juega, se camina, se canta y se almuerza acompañado. Talleres grupales de memoria, lectura y juegos de mesa, ejercicio suave adaptado a cada persona y alimentación casera incluida.
Muchas personas prefieren quedarse en su casa, entre sus cosas y sus rutinas. Llevamos el cuidado hasta allá, con la misma gente que ya conocen. También se puede combinar: unos días en el centro y otros en la casa.
Servicios que se suman cuando la familia los necesita, sueltos o junto al centro de día.
A consultas, exámenes, trámites y compras.
Curaciones, medicamentos y controles.
Barras, baño adaptado y menos riesgo de caídas.
Presencia y respeto para la persona y su familia.
Orientación en los derechos del adulto mayor.
No atendemos un diagnóstico: acompañamos a alguien que tiene una historia, una familia y una casa. Estas seis dimensiones se revisan al ingreso y las conversamos contigo cada mes.
Medicamentos, controles y movilidad, coordinados con su médico tratante.
Talleres grupales de memoria, lectura y juegos de mesa.
Escuchamos la pena, el enojo y también las ganas de reírse de todo.
Volver a tener con quién almorzar, a quién saludar, de quién acordarse.
Orientación clara para quien decide, y un reporte que se entiende.
Una casa sin riesgos es la mitad del cuidado. Revisamos la de tu familiar.
Somos un equipo chico y estable, y es a propósito: nadie cuida bien a quien no conoce.
Creció entre personas mayores y nunca se fue de ahí. Nuestras Raíces es su forma de devolverles lo aprendido.
Siete años cuidando personas mayores: de UTI y UCI, residencias, cuidados domiciliarios y paliativos.
Controles, curaciones y ejercicio suave. Sostiene que la mejor terapia es una buena conversación caminando.
Personas mayores autovalentes o con dependencia física leve a moderada, con o sin deterioro cognitivo inicial. Es decir, quienes se desplazan solos o con apoyo —bastón, andador, un brazo del que afirmarse— y necesitan ayuda en algunas tareas del día. Antes de ingresar hacemos una evaluación sin costo, en el centro o en su casa, y te decimos con franqueza si somos el lugar indicado.
El día tiene una rutina estable —recepción, ejercicio suave, taller grupal, almuerzo, descanso, actividad recreativa y despedida— y esa rutina se adapta siempre a las capacidades de cada persona: quien camina poco hace el ejercicio sentado, quien se cansa temprano descansa antes. Incluye alimentación casera y supervisión de medicamentos. La frecuencia y los días los armamos contigo.
Vamos a su domicilio. Se puede contratar por horas, por jornadas o por turnos fijos, con el mismo equipo del centro. También podemos combinar: algunos días en el centro y otros en la casa.
Sí. Muchas familias empiezan justamente así: una consulta médica, un examen, un trámite o unas horas de compañía a la semana. No hay que contratar un programa completo para recibir ayuda.
Conversa con nosotros aunque todavía no tengas claro qué necesitas. Escuchamos la situación, hacemos una evaluación inicial y te proponemos una alternativa. Si no somos lo que tu familia necesita, te lo diremos y te indicaremos dónde buscar. Los valores se entregan en la visita.
No importa si todavía no sabes qué necesita tu familiar. Cuéntanos su historia y buscaremos juntos la mejor forma de ayudar.
Gracias por escribirnos. Te llamaremos hoy mismo. Si prefieres adelantar, escríbenos por WhatsApp cuando quieras.