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Nuestras Raíces
Memoria

Se le olvidan las cosas: ¿cuándo preocuparse?

Qué olvidos son parte normal de la edad, cuáles conviene consultar con un médico y cómo acompañar sin corregir todo el tiempo.

16 de agosto de 2026 · Nuestras Raíces, Maipú

“Mi mamá repite las preguntas.” “Mi papá perdió las llaves de nuevo.” Cuando los olvidos aparecen, la familia entra en un vaivén entre el susto y el “es normal, ya está viejita”. Ninguno de los dos extremos ayuda. Aquí va una guía honesta para distinguir.

Olvidos que suelen ser parte de la edad

El cerebro también envejece, y hay olvidos que no anuncian ninguna enfermedad:

  • Olvidar dónde dejó las llaves o los lentes, y encontrarlos después.
  • Que no le salga un nombre en el momento, y le salga más tarde.
  • Olvidar para qué entró a una pieza, y acordarse al volver.
  • Necesitar más tiempo para aprender algo nuevo, como usar un teléfono.

La clave: la persona se da cuenta de su olvido, le molesta, y el olvido no le impide hacer su vida.

Señales que sí conviene consultar

  • Repetir la misma pregunta varias veces en la misma conversación, sin registro de haberla hecho.
  • Perderse en trayectos conocidos: la feria, la casa de una hija, el barrio de siempre.
  • Confundir el uso de las cosas o dejar situaciones de riesgo: la llave del gas abierta, la olla al fuego olvidada.
  • Problemas nuevos con la plata: pagar dos veces, no entender un vuelto, firmar sin comprender.
  • Cambios de ánimo o de personalidad junto a los olvidos: irritabilidad, apatía, desconfianza.
  • Que los demás noten los olvidos más que la propia persona.

Ninguna de estas señales es un diagnóstico — eso corresponde a un médico, idealmente geriatra o neurólogo. Pero sí son motivo para pedir hora, y mientras antes, mejor: hay causas tratables (ánimo, tiroides, fármacos mal combinados) y, cuando hay deterioro, llegar temprano permite cuidar mejor lo que hay.

Cómo acompañar sin corregir todo el tiempo

Lo que más desgasta la relación no son los olvidos: es la corrección constante. “Ya te lo dije”, “otra vez la misma pregunta”, “acuérdate po”. La persona no repite para molestar; repite porque su registro falló. Algunas ideas que sirven:

  • Responde de nuevo, corto y tranquilo, como si fuera la primera vez. Discutir el olvido no lo repara y sí deja pena.
  • Apoya la memoria con el entorno: un calendario grande, una pizarra en la cocina, los remedios en una caja organizada por días, carteles simples si hacen falta.
  • Rutinas estables: mismos horarios, mismas rutas, cosas siempre en el mismo lugar. La rutina es una prótesis de memoria.
  • Ejercita lo que hay, sin examinar. Conversar recuerdos antiguos, jugar a las cartas o al dominó, leer el diario juntos. Los talleres grupales de memoria trabajan exactamente esto, con la ventaja del grupo: nadie se siente evaluado.

No esperes a estar al límite

Si los olvidos ya están cambiando la vida de tu familiar —o la tuya—, no lo lleves en soledad. En Nuestras Raíces evaluamos sin costo la situación, en el centro o en la casa, y te orientamos con franqueza sobre los pasos siguientes.

¿Quieres conversar tu caso?

La evaluación inicial no tiene costo. Cuéntanos la situación de tu familiar y vemos juntos qué necesita.

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